Reinventing the sacred

Complexity theorist Stuart Kauffman recently published a new book, Reinventing the Sacred: A New View of Science, Reason, and Religion. In the following video, Kauffman himself introduces his book, explaining his goal of reuniting science and spirituality, of bringing together Shakespeare and Einstein.

I haven’t read the book yet so I can’t comment on it. However, Kauffman’s introduction suggests that reading it could be very interesting. Listen to what he has to say.

Un Diccionario de Borgerías

Recien acabo de terminar el libro Borges Verbal, una antología de los comentarios y opiniones que Jorge Luis Borges emitiera durante su vida, y que fue compilada por los argentinos Pilar Bravo y Mario Paoletti.

De entrada, déjenme decir que el libro es espectacular. La introducción incluye una breve biografía de Borges, titulada Biografía de yo, una clara referencia al título de un relato de Borges (Borges y yo). Esta última sirve también de pasapalos a la segunda parte del libro, el Diccionario de Borgerías, un título por demás muy sudamericano.

Por supuesto, si uno se pone a pensar en el hecho de que, como autor ciego, Borges fue un individuo muy verbal (no leía sino que le leían, no escribía sino que dictaba), no hay duda de que esta obra viene como anillo al dedo. Además, durante toda su vida, Borges se caracterizó por sus comentarios cargados de ironía y sarcasmo a veces, pero muy sabios la mayoría de las veces.

Aunque, claro, es cierto que alguna que otra vez Borges dijo cosas de mal gusto o algunas que reflejaran una postura más bien tradicional en lo social o político. Sin embargo, las más de las veces, las opiniones de Borges estan cargadas de eso que su biógrafo y confidente, Emir Rodríguez Monegal, llamara “all manner of intuitions and perspectives” (Diacritics, Vol. 4, No. 2, (Summer, 1974), pp. 38-43). Intuiciones y perspectivas que, de más no está decirlo, Borges sazonaba con esa forma natural de erudición, inmensa y tan suya, esa tela de araña de analogías, alusiones, citas, metáforas y hasta acertijos que, para mí, es la esencia del ser Borges.

Bueno, y para muestra un botón:

Espejos: No me gustan nada o me gustan demasiado. Ahora, claro, me he librado de ellos. Porque la ceguera es un modo drástico de borrar los espejos.(81)

Y este otro:

Dormir: Al dormirse, uno se olvida de si mismo. Y al despertarse se recuerda. (74)

Finalmente:

Creación: La obra de un escritor está hecha de haraganerías. El trabajo esencial del escritor consiste en distraerse, en pensar en otra cosa, en fantasear… Y luego viene la ejecución, que ya es el oficio. (64)

Borges and the XXI century

Talking about the XXI century, Jorge Luis Borges once said that the world he imagined would have no machines, no journalists, and that XXI century architects would only design single-story houses as boring as they were in the past (see Borges Verbal).

However, his most interesting prediction concerned airplanes. Curiously, Borges believed airplanes would be unnecessary in the future — because by then (he probably said in his familiar porteño accent) “nos daremos cuenta de que no vale la pena ir de un lado para otro.” And he was right!

Thanks to the Internet (and most recently high gas prices), airplanes may soon become less and less of a necessity — we will just realize we don’t need them anymore. For instance, Internet technologies such as telepresence provide modern mankind with the ability to imitate one of God’s capabilities: omnipresence — well, yeah, I should say multi-presence instead.

According to the Bible, God’s omnipresence does not mean:

“that God’s form is spread out so that parts of Him exist in every location. God is spirit; He has no physical form. He is present everywhere in that everything is immediately in His presence. At the same time He is present everywhere in the universe. No one can hide from Him and nothing escapes His notice.”

In other words, the Judeo-Christian God is just like information — intangible bits of information that could be shared or transmitted everywhere at the same time without significant loss of meaning. The same happens to us thanks to telepresence. Of course, it does not mean we are everywhere physically — just like God isn’t. It only means we are present somehow, in “spirit,” sort of.

In any case, it’s amazing that Borges foresaw this. I mean, the fact that one day we may be able to emulate places so well that people won’t be able to distinguish a fake from the real thing. The fact that given the proper amount of information, we may be able to reconstruct other realities the same way Borges did with his labyrinths. Finally, the fact that in the future we may not need airplanes anymore — simply because we will be able to go places without actually being there physically. Amazing!

Borges, Lugones, Tejas y el laberinto ilimitado de la Internet

Según los autores de Borges Verbal, Jorge Luis Borges visitó alguna vez la biblioteca del pueblo de (sic) Lussok, Texas (aunque Borges probablemente se refería al pueblo de Lubbok, Texas, que se encuentra en el noroeste de ese estado). En todo caso, Borges relata en su anécdota lo maravillado que estaba al descubrir que la susodicha biblioteca tenía dos millones de ejemplares, miéntras que la Biblioteca Nacional de la Argentina, de la que el mismo Borges fuera director, apenas tenía 900 mil.

Luego, como para demostrar aún más su asombro, Borges continua su anécdota relatando como una empleada rubia y despampanante de la biblioteca, ansiosa de mostrarle la calidad de su colección, le reta a nombrar un libro, cualquiera, asegurándole que ella lo debía de tener. No muy convencido, Borges le pide lo que él consideraba títulos fáciles; por ejemplo, El Facundo de Sarmiento, el cual la bibliotecaria le consigue de inmediato. Picada, la bibliotecaria le ruega que pida algo más difícil; así que Borges le pide El Imperio Jesuítico de Lugones, cuya edición estaba tan agotada que ni la misma Biblioteca Nacional argentina lo tenía.

Para sorpresa de Borges, la linda bibliotecaria rubia le responde preguntándole cuál edición quería, la primera o la segunda, porque la biblioteca disponía de ambas.

Borges concluye su anécdota maravillándose de como en tan apartado pueblito tejano, cualquier persona tiene acceso a casi cualquier tipo de libros, y puede estudiar, sin jamás salir de su remoto cobijo en el desierto, cualquier cosa.

La historia me pareció fascinante porque me hizo pensar en lo maravillado que Borges estaría hoy con la Internet. De sólo pensar en toda la información que está disponible en línea, de seguro Borges viviría al pie de los parlantes de su computadora, hartándose una y otra vez con ese universo infinito de información, tan grande e ilimitado como sus laberintos.

Para dar un ejemplo, si a Borges o a cualquier otra persona le interesase leer El Imperio Jesuítico de Lugones, sólo necesita guglearlo (del inglés google), y conseguir una segunda edición digitalizada, a sólo un click de distancia. Fascinante, ¿no?