Pierre Menard, Lieutenant Governor of Illinois

We Latin Americans usually associate the name Pierre Menard with one of Jorge Luis Borges best short stories: “Pierre Menard, autor del Quijote“, from his book Ficciones – there is an English version, “Pierre Menard, Author of the Quixote“, included in the anthology Collected Fictions. In Borges’ story, Menard is a French symbolist poet who wants to compose a new Don Quixote, one disregarding all “local color” but, nonetheless, “more subtle” than the original.

Pierre Menard (1766-1844)

Since its publication (1939), people have wondered about who this Pierre Menard was. For instance, we know about a Canadian-American fur trader named Pierre Menard, who also was Illinois’ first Lieutenant Governor in 1818. Curiously enough, Menard, whose first language was French, of course, was chosen to represent Illinois’ French-speaking inhabitants, about half the State population at the time (See Solon Justus Buck Illinois in 1818). Also, Illinois’ Menard County was named after Menard, and his former house, located in Ellis Grove, Illinois, remains a popular historic site up to this day.

Although there is no evidence that Borges knew about this Menard, some people have pointed at him as a possible source for the name. [By the way, an interesting reading on the American connection between Borges, Menard, and the great Allan Poe (Borges describes Menard as “essentially devoted to Poe”) can be found in John Irwin’s The Mystery to a Solution: Poe, Borges , and the Analytic Detective Story.]

Also, there is this alternative theory about an alleged French symbolist poet named Pierre Menard, whose works Borges apparently read as a young man in Geneva, Switzerland. However, no evidence has been found on this matter yet.

Inception, Borges y el “realismo mágico”

Inception es la película más reciente del director inglés Christopher Nolan, quién ha dirigido muchos éxitos de taquilla de los últimos años (por ejemplo, Batman Begins, Memento y The Dark Knight). Nolan se ha convertido en un verdadero fenómeno cinematográfico, tanto que su éxito ha llevado a muchos a compararlo con otro prodigio de la gran pantalla: el Sr. midas del cine, Steven Spielberg.

En una entrevista reciente, publicada por el Toronto Star bajo la firma del crítico Peter Howel, Nolan explica que una de sus mayores inspiraciones (para Inception y casi todo su cinematografía) es la obra de Jorge Luis Borges, a quién el crítico Howel describe como “the late Argentine poet, author and essayist” que “was a pioneer of magic realism, a combination of real and surreal elements often used by filmmakers”.

No he visto la película reseñada por Howel todavía, así que no voy a comentarla aquí. Sin embargo, es indudable que Nolan es un director de talento, y que películas como Memento y The Dark Knight constituyen verdaderos clásicos contemporáneos. De seguro que Inception no debe estar muy lejos de sus predecesoras.

Lo que quería comentar, en cambio, es la referencia que Howel hace del término realismo mágico. Personalmente considero odioso el uso y abuso del término que se hace aquí en los EE.UU. y, en ocasiones, también en Europa. Pero antes de explicar mis razones, hablemos de un poco de historia.

El término realismo mágico tiene una historia accidentada. Se cree, dice la leyenda, que el primero en usar el término fue un crítico de arte alemán de nombre Franz Roh. En 1925, Roh publicó un libro, cuyo título en alemán era: Nach Expressionismus: Magischer Realismus: Probleme der neusten europäischen Malerei (Postexpresionismo: los problemas de la nueva pintura europea), en el cual utiliza la expresión realismo mágico para describir el arte alemán posterior al expresionismo. Para él, el post-expresionismo era un tipo de arte donde “el misterio no desciende al mundo representado”, como era el caso en el arte “místico”, sino que “se esconde y palpita tras él”. Por cierto, para más detalles sobre la historia de este término, ver el excelente ensayo de Luis Leal, “El realismo mágico en la literatura hispanoamericana“.

Cuatro años después de publicado el libro de Roh, tres jóvenes escritores latinoamericanos tienen la suerte de coincidir en el París de la entreguerras. Los tres eran poco conocidos, fuera de sus respectivos claustros nacionales, pero muy talentosos. Uno era venezolano, por entonces de 23 años, y se llamaba Arturo Úslar Pietri. El otro era cubano, algo más viejo, de unos 25 años, y con un acento tan curioso como su nombre: Alejo Carpentier. El último, el mayor de todos, 30 años casi cumplidos, era guatemalteco, y se llamaba Miguel Ángel Asturias.

El primero, Úslar Pietri, describió ese encuentro parisino años más tarde, en un breve ensayo donde discute, entre otras cosas, el origen de la palabra realismo mágico. Allí, Úslar Pietri explica como fue que él introdujo el término en Latinoamérica, en un ensayo sobre el cuento (publicado en 1949), donde dice:

Lo que vino a predominar [en las letras latinoamericanas de la época] fue la consideración del hombre como misterio en medio de los datos realistas. Una adivinación poética o una negación poética de la realidad. Lo que, a falta de otra palabra, podría llamarse un realismo mágico. [“Realismo mágico”, en la colección de ensayos: Godos, insurgentes y visionarios]

Es fácil ver la resonancia entre Úslar Pietri y Roh. De hecho, el mismo Úslar Pietri reconoce la deuda que su uso del término tenía con el alemán. A la pregunta: ¿de dónde vino aquel nombre (i.e., realismo mágico)?, Úslar Pietri se responde a sí mismo:

 

Por el final de los años 20 yo había leído un breve estudio del crítico de arte alemán Franz Roh sobre la pintura postexpresionista europea, que llevaba el título de Realismo mágico. Ya no me acordaba del lejano libro pero algún oscuro mecanismo de la mente me lo hizo surgir espontáneamente en el momento en que trataba de buscar un nombre para aquella nueva forma de narrativa.

Cabe aclarar que esa “nueva forma de narrativa” a la que se refería Úslar Pietri, era la de sus amigos de París: Asturias y Carpentier, quienes para la época trabajaban en dos de sus obras más importantes, y entre las más representativas del género: Leyendas de Guatemala (Asturias) y Ecue Yamba O (Carpentier) [Úslar Pietri también estaba trabajando en la que sería su mejor novela, Las lanzas coloradas].

En fin, es claro que el término realismo mágico, al menos en nuestro contexto latinoamericano, tiene muy poco en común con la literatura fantástica (donde Borges fue maestro), menos aún con el surrealismo u  otros ismos de inspiración psicológica u onírica, como lo sugiere Howel en su artículo.

Como explica Luis Leal, el realismo mágico no busca desfigurar la realidad o “crear mundos imaginados”, al estilo de la ciencia ficción o del género fantástico. Tampoco es su intención crear formas estéticamente complejas, al estilo del modernismo joyceano, o historias mágicas que apelen más a la emotividad visceral del lector que a su inteligencia, al estilo del cine de Nolan o Ridley Scott. “El realismo mágico es”, explica Leal, “más que nada, una actitud ante la realidad”. Y allí es donde, precisamente, mucha crítica vulgar ha sido incapaz de atinar. Lo que, claro está, se comprende, ya que es difícil entender una actitud hacia algo (nuestra realidad) que, en la mayoría de los casos, se desconoce.

Por tanto, decir que Inception o cualquiera de las películas de Nolan es un ejemplo de realismo mágico es, en mi opinión, absurdo. Tan absurdo como lo es decirlo en relación al Laberinto del Fauno, del mexicano Guillermo del Toro. Desafortunadamente, tanto se ha abusado del término que no sorprende que alguien como Nolan, que seguramente se inspira en la literatura fantástica de Borges, lo use para describir su propia narrativa fílmica.

Pero eso, en el caso de Nolan, es perdonable. Lo que es imperdonable es que muchos que pretenden conocer la literatura latinoamericana, sobre todo muchos que hacen vida en eso que llaman Academia, sean incapaces de hacer la distinción y persistan en usar el término erróneamente.

A estos les sugiero lo que solía recomendar mi profesor de funciones de variable compleja en la universidad: ir a las fuentes.