Paul Erdős y Jorge Luis Borges, dos bucles extraños

Paul Erdős fue un matemático húngaro que tuvo la distinción de haber sido uno de los más prolíficos del siglo XX. Para la fecha en la que falleció, en 1996, él había publicado alrededor de 1,500 artículos sobre matemáticas, cubriendo una amplio espectro de temas dentro del campo: teoría combinatoria, teoría de grafos, teoría de números, probabilidad y muchos más. Sobre él hay una excelente biografía escrita por el periodista científico Paul Hoffman : The Man Who Loved Only Numbers, publicada por Hyperion en 1998. También, hay un documental dirigido por George Paul Csicsery, titulado “N Is a Number: A Portrait of Paul Erdős”, que muestra algunos detalles de la vida del matemático, quien nunca permaneció mucho tiempo en un solo lugar, viajando de un lugar a otro, de universidad en universidad, de conferencia en conferencia, con una sola maleta que contenía todas sus pertenencias (incluyendo una extraña bolsa anaranjada de una tienda por departamentos húngara).

Aquí quería comentar la similitudes entre Erdős y otro genio del siglo XX, que muriera una década antes que el matemático. Me refiero a Jorge Luis Borges. Él y Erdős compartieron muchas cosas en común, al menos desde mi perspectiva. Por ejemplo, los dos consideraban el sexo como algo desagradable o prescindible. Por esa razón, que se sepa, ninguno mantuvo una relación física pasional (duradera) con una mujer (aunque habría que aclarar que Borges se casó dos veces, aunque no parece haber evidencia de que en alguno de sus matrimonios mantuviera una relación física con su consorte). Igualmente, ambos tuvieron madres de carácter muy fuerte, y con quien mantuvieron lazos emocionales que, podría decirse, estuvieron fuera de lo ordinario, considerando sus edades, por la mayor parte de sus vidas (las de las madres, ya que ambas vivieron largas y descansadas vidas al lado de sus vástagos).

Incluso, entre los dos, hay similaridades políticas. Ambos tenían tendencias anarquistas; aunque en el caso de Borges, sobre todo en sus últimos años, sus simpatías eran más bien hacia el lado más socialmente conservador del espectro. Erdős, en cambio, fue consistente en su rechazo de cualquier forma de opresión o control sobre el individuo, manteniendo una postura de sano escepticismo hacia los dos sistemas políticos que dominaron la cotidianidad de la mayoría, la mayor parte del siglo XX. Además, lejos de ser un individualista spenceriano como Borges, Erdős dedicó su vida a ayudar a otros, sobre todo a jóvenes matemáticos, usando el poco dinero que obtenía por sus clases, o que recibía de premios y otros honores.

Como cosa curiosa, otro aspecto en el que Erdős y Borges coincidían era su actitud hacia la vida y la muerte. Muy conscientes de la finitud de la existencia humana, tanto el húngaro como el argentino siempre usaron un tono entre serio e irónico para referirse a su eventual desaparición física. Sin dejar nunca de trabajar, los dos parecen haberse preparado muy bien para el día en que la muerte los visitara finalmente, poniendo mucho esfuerzo en asegurarse de que las cosas se dieran en sus propios términos y no en los del caprichoso destino.

Por cierto, el título de nuestro comentario hace referencia a la expresión “bucle extraño“, usada por el filósofo estadounidense Douglas Hofstadter en su libro Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle. En nuestro caso, el bucle “eterno y grácil” lo formarían: Gödel, Erdős y Borges. Pero sobre eso volveremos en otra ocasión.