Zigmunt Bauman, R.I.P.

Hoy recién me entero de la muerte de Zygmunt Bauman a los 91 años. El creador de la idea de modernidad líquida, Bauman fue uno de los grandes sociólogos de este siglo (y el anterior), un digno heredero de figuras como Raymond Aron y Max Weber.

Como su paisano el filósofo Leszek Kołakowski, Bauman creció en la Polonia de la pre y post Segunda Guerra Mundial. Los dos iniciaron su carrera intelectual como fieles seguidores comunistas hasta que las circunstancias de su país durante los 50s-60s les llevara por el largo camino del desencanto. Más tarde, los dos abandonarían Polonia a raíz de los eventos de marzo de 1968.

En los últimos años, Bauman ha sido en una suerte de brújula moral para la izquierda democrática europea. Mucho de su trabajo se enfocó en analizar y criticar los efectos que la globalización y las tecnologías de la comunicación e información han tenido sobre la vida moderna, haciéndola inestable y atomizada. Para él, la consecuencia inevitable de esta circunstancia es una vida sin fundación ni estabilidad, guiada por una moral que carece igual de un asidero firme y está condicionada por los caprichos de fuerzas económicas que suelen estar en muchos casos más allá de nuestro control. Él llamó esa configuración de realidades modernidad líquida.

Aunque en lo personal admiro mucho el trabajo de Bauman, su posición me ha parecido siempre un poco extrema. Para mí, él era parte de un sector algo conservador de la izquierda moderada europea. Su noción de liquidez es una metáfora poderosa pero no muy útil más allá de lo descriptivo. En eso Bauman peca de manera similar a otros precursores en la misma tradición, desde Marx pasando por Lukács hasta la Escuela de Frankfurt.

Claro, nada de esto niega la importancia de este pensador cuya obra de seguro seguirá siendo fuente de inspiración para nuevas generaciones de intelectuales y críticos sociales en el futuro.